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El Populismo tiene sus matices

Omar Argüello

¿Puede el populismo ser cualquier cosa? Con una pregunta parecida comienza Sartori su “Teoría de la democracia”. La de ahora se impone frente a tantos discursos que utilizan el mismo vocablo para identificar a gobiernos que, aun coincidiendo en su escasa adhesión al liberalismo político, llevan adelante estrategias económicas muy diferentes.

Parte de este error deriva de la insistencia en una presunta correspondencia entre política y economía, que viene de lejos. Una interpretación errónea de Marx postulaba un determinismo de lo económico sobre la política; la que fue desterrada por Gramsci al calificarla “como un infantilismo primitivo”. Otro determinismo en dirección contraria pretende que una política republicana llevaría automáticamente a la producción de riqueza y bienestar (con la democracia se come, se educa y se cura).

Lo cierto es que, aun cuando la política y la economía se condicionan mutuamente, existen suficientes grados de libertad como para permitir comportamientos alternativos. La política se ocupa de fijar el tipo de instituciones que regulan la interacción entre las personas y la forma de ejercer el Poder, como también de definir la estrategia económica para producir y distribuir bienes y servicios. Pero la opción que se adopte en la dimensión política institucional no determina la estrategia económica.

En nuestro país hubo gobiernos republicanos que descuidaron la función productiva, así como gobiernos no republicanos aplicando la misma estrategia económica (a la que Aldo Neri llamó “facilismo económico” y que observó en ambos tipos de gobiernos). Por otro lado, en el mundo existen ejemplos de gobiernos republicanos y no republicanos que no caen en ese facilismo económico. De todo lo cual se deduce que no es cierto que un gobierno populista lleve necesariamente al facilismo económico; ni que un gobierno republicano lleve siempre a una estrategia económica sustentable, de largo plazo.

Eliminar estos falsos supuestos es un prerrequisito para avanzar en la comprensión de la realidad. Y para ello se debe comenzar por diferenciar fenómenos que son diferentes, utilizando para ello vocablos distintos tanto para separar gobiernos según la forma de crear y ejercer el Poder, como para diferenciarlos según el tipo de estrategias económicas que adopten.

En cuanto a las formas de crear y ejercer el Poder tenemos, por un lado, gobiernos republicanos que practican los valores del liberalismo político; y por otro lado gobiernos en los que un líder se encarga de articular las “demandas” en base a una relación donde prima el “afecto”. Laclau dice que en este último tipo de gobierno “El representado depende del representante para la constitución de su propia identidad”. Para estas diferencias que hacen a lo institucional se puede seguir utilizando la dicotomía gobiernos republicanos versus gobiernos “populistas”.

En cuanto a las estrategias económicas vimos que hay gobiernos que practican un facilismo económico que dificulta el desarrollo, mientras otros se preocupan por reforzar la productividad y competitividad de sus economías para defender el empleo genuino y el consumo de sus ciudadanos. Estrategias diferentes que pueden observarse tanto en gobiernos republicanos como en los llamados “populistas”. Dentro de estos últimos, el gobierno de Viktor Orbán en Hungría adopta una estrategia económica diferente a la del M5S en Italia; diferencia que puede observase también entre Trump y Maduro.

Y para aprehender estas diferencias en cuanto a las estrategias económicas dentro de gobiernos con la misma forma de ejercer el Poder, se hacen necesarios nuevos vocablos que den cuenta de esas diferencias, con independencia de la dicotomía referida a lo político. En esa búsqueda, las economías sustentables de largo plazo pueden ser identificadas como “capitalismo moderno”, lo que se venía asociando a gobiernos republicanos, pero que puede caracterizar también a gobiernos populistas como el de Trump.

Faltaría una categoría que remita a las estrategias económicas más cortoplacistas, demagógicas, o “facilistas”, que pueden encontrarse en ambos tipos de gobiernos. Una posibilidad para cubrir esta demanda es la de recurrir a la práctica italiana (utilizada por Bobbio y Sartori en sus análisis) que desdobla el concepto de liberalismo, reservando este vocablo liberalismo para lo político y creando el de liberismo para lo económico. En esa línea, y habiendo reservado la categoría “populismo” para el nivel político se usaría la de “popularismo” para caracterizar el facilismo económico.

publicado en La Nación, 13/9/2018

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