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Energía: un cepo “light” con sabor a poco

Emilio Apud

El reciente DNU del gobierno bautizado “Régimen de Acceso a Divisas por Incremento de Producción”, es una nueva ocurrencia del gobierno que pretende incentivar inversiones en un contexto intervencionista que las espanta.

Es un proyecto poco ambicioso que permitiría solamente afianzar el estatus quo de una actividad petrolera que vive del reducido mercado interno argentino. Solo se exporta el 10% de la producción de crudo y el 2% de gas, nada.

Son valores insignificantes frente a la potencialidad de nuestros recursos y a la sostenida demanda internacional de gas que impone la transición energética hacia cero combustión de hidrocarburos, hoy acelerada por el ataque ruso a la democracia ucraniana Es una iniciativa pobre de un gobierno que no entiende cómo funciona el mercado petrolero en el mundo. Es para ir tirando con algo más de actividad en crudo en el corto plazo y un incremento de la producción de gas para reducir sus importaciones en función de lo que permita la infraestructura de transporte.

Recién en 2024 se podrá colocar un 10% más de gas en el sistema, que es la capacidad adicional que permite la primera etapa del gasoducto de VM a Saliqueló, bautizado Néstor Kirchner (NK).

Así, “NK” se afianza como la marca de proyectos energéticos defectuosos encarados por el kirchnerismo con fondos públicos al igual que la represa NK en el Río Santa Cruz y la central nuclear Atucha III, ahora NK. Ninguno de esos proyectos NK cumplió con las condiciones exigidas por la Ley de Obras Públicas como los estudios de factibilidad técnica, económica, financiera y ambiental y siempre fueron mal concebidos.

Se decidieron en función de fines políticos o se justificaron por urgencias fruto de ineptitud y mala gestión o para atender intereses que nada tienen que ver con el interés general que los funcionarios deberían observar a rajatabla.

Pero volvamos al DNU con el que el gobierno dice que atraerá inversiones por USD 40.000 millones en los próximos cuatro años y generará exportaciones por más de USD 4.500 anuales en ese período.

Imposible. Para generar ese flujo de inversiones sería necesario recuperar la confianza de los inversores internacionales y un DNU de un gobierno que la ha deteriorado no sirve.

A continuación, imagino alguna de las preguntas que se formularán las petroleras, en particular las extranjeras antes de comprometer recursos que le permitan acceder al cepo light para una parte de su producción incremental.

¿Un decreto presidencial del cuarto gobierno kirchnerista que ha dado pruebas fehacientes de ser poco afecto a la seguridad jurídica e institucional, recargado de estatismo e intervencionismo, sin acceso al crédito, con sus manías expropiatorias de renta del sector privado y con disputas internas por cuotas de poder y de caja, es confiable?

¿Es confiable un decreto para garantizar el pago de una porción de la inversión con divisas durante los próximos 4 o 5 años?

¿Puede el actual gobierno y su dependiente Banco Central asegurar las divisas necesarias para cumplir con los inversores en los próximos cuatro años?

¿Es atractivo para un inversor extranjero traer sus divisas a la argentina con un riesgo país por encima de los 1800 puntos básicos, con un déficit fiscal descontrolado, con cepo cambiario, con inflación del 80% anual y con precios de la producción de petróleo la mitad del internacional?

¿Les convendrá entrar en un negocio petrolero cuyos ingresos provienen de un 90% del minúsculo mercado local argentino el que a su vez depende de subsidios por más de USD 12.000 millones anuales de un estado en quiebra?

¿Estará la infraestructura necesaria para colocar el eventual volumen de producción incremental, no solo del gasoducto NK sino de las ampliaciones de oleoductos que están al límite?

¿Qué se hará con la producción incremental de gas fuera de los cuatro meses de invierno?

¿No es contradictorio que el Gobierno quiera que el sector genere saldos exportables y le imponga el anacrónico “compre argentino” que aumentará costos y bajará la competitividad de nuestra producción en el disputado mercado mundial?

La burocrática dependencia pergeñada para el seguimiento y control, la “Comisión de Evaluación y Seguimiento de la Ejecución”, integrado por representantes de media docena de organismos públicos y que, en última instancia, aprobará el acceso a las divisas ¿funcionará con la diligencia necesaria?

En fin, son demasiadas dudas. Yo cambiaría este copy-paste del menú regulatorio e intervencionista del kirchnerismo con que el Gobierno pretende reducir la deficitaria balanza comercial de hidrocarburos por un incentivo.

Sí, las economías en un sistema capitalista funcionan en base a incentivos no a regulaciones. Más aún la industria petrolera en la Argentina que deberá adecuarse para ser exportadora neta del inmenso recurso gasífero que tenemos prácticamente inexplotado, cuando el mundo está ávido de nuevos proveedores del LNG para la transición energética. Y el incentivo lógico consiste simplemente en liberar las divisas que genere el sector por sus exportaciones.

publicado en Clarín, 8/6/2022

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