Lecturas sugeridas

Gobernar con un liderazgo acorralado

Andrés Hatum y Nicolás José Isola

Si mirara por las ventanas de la Casa Rosada, el presidente podría sentirse representado al ver a algunas personas tirándoles maíz a las palomas y queriendo que le llegue al menos uno a cada una, buscando conformar un poco a todas.

Cuando se gobierna sin demasiada cohesión en las bases, la finca del poder puede tender a lotearse. Las tensiones en los círculos concéntricos le demandan a Alberto Fernández parte de su energía. Está gobernando al interior de una coalición fragmentada, con algunos perros que ladran sin parar, esperando su hueso. Y hay que tener cuidado con los perros, ya lo decía el General: «Quien le da pan al perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro».

Como quien se encuentra parado en una zona sísmica, aquel que tiene el bastón de mando puede sentir la posible desintegración bajo sus pies. Esa arena movediza le impide arraigarse firme sobre los talones y se torna necesario buscar otras formas para mantenerse erguido.

Por momentos, pareciera que el perdigón de las decisiones del Ejecutivo busca mucho menos la precisión que dejar medianamente conformados a una pluralidad de actores políticos. No por nada, quienes lo conocen señalan que es un excelente operador.

Los consejos que anunció crear buscan ser una fuerza centrípeta que atraiga a actores diversos hacia el compromiso con la gestión: cuantas más voces, más conformados. La intención no parece ser tanto llegar a un resultado, sino lograr que algunos estén sentados en esa mesa sin molestar en otra. El aparente pluralismo ayuda a silenciar disidencias.

En este conformar a todos, el presidente le guiña un ojo al Papa al mencionarlo y, a renglón seguido, le guiña el otro a los sectores que demandan el aborto . Cita a Alfonsín y le rinde homenaje a Néstor. En Alberto hay lugar para todos.

Como un croupier, el hombre va repartiendo símbolos, porque plata no tiene. No pesca con caña, sino con mediomundo.

Es un problema cuando este tipo de líder con una base segmentada no puede hacer uso de la billetera, porque las facciones que lo acompañan tensan la relación hasta el punto de implosionar la coalición gobernante.

Es justo allí donde el líder debe jugarse. Si no lo hiciera, su poder podría pulverizarse.

Ser el héroe de todos es correr un riesgo. En ocasiones, jugarse por todos es no jugarse por nadie.

Esto último lo entendieron con sangre los jubilados al escucharlo hablar en el Congreso cuando señaló: «Comencemos por los últimos para poder llegar a todos». Alberto cumplió con ellos: empezó sacándole a los últimos, los abuelos, a los que más les había prometido. Debe ser la ética de la convicción, que a veces pide hacer lo contrario.

El reconocido armador sabe manipular, cuando no te da, como a los jubilados, te dice que te dio. Un prestidigitador de la contabilidad ajena. El mago con dientes que muerde ingresos.

El Presidente espolvorea cada centímetro de la torta social con el azúcar impalpable de las aparentes concesiones. A cada uno, le susurra al oído lo que quiera oír.

Tal vez, Alberto Fernández debería seguir las recomendaciones del General Perón cuando decía: «El que quiera conducir con éxito tiene que exponerse; el que quiere éxitos mediocres, que no se exponga nunca; y si no quiere cometer ningún error, lo mejor es que nunca haga nada».

A veces, el líder coparticipado por la líder real solo tiene una herramienta: el aparente liderazgo formal. El asunto es que, a medida que se debilita, el liderazgo informal pasa a aquellos que fueron capaces de rapiñar lugares sensibles en el tejido político.

Al poder le pasa como a las piedras, si las pequeñas gotas se toman su tiempo, las terminan horadando.

El Presidente intenta un quid pro quo : algo a cambio de algo. Lo que quizás esté ocurriendo es que esté dando algo a cambio de poco y eso pueda terminar acorralándolo y debilitando su mandato. El clima está raro, hay muchos buitres dando vueltas y el fuego amigo parece estar siempre a punto de ser encendido.

Tal vez, entre tantas citas de Alfonsín, el señor Fernández recuerde remotamente las palabras de Perón: gobernar es fácil, lo difícil es conducir.

publicado en La Nación, 9/3/2020

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