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Historias de héroes en el mar: Un homenaje a los 44 submarinistas del ARA San Juan

Eduardo Lazzari

L a historia naval argentina está jalonada por hombres extraordinarios, hechos heroicos y anécdotas increíbles. Es bueno recordar que en los tiempos de la colonia, el imperio español había organizado América con eje en el mar Caribe y el océano Pacífico. Las capitales, Lima y México, sedes de los dos primeros virreinatos: del Perú y Nueva España, se comunicaban a través de las flotas españolas del océano Pacífico. Y sobre el océano Atlántico Sur, sólo Buenos Aires asomaba tímidamente, aunque su comunicación con el imperio era a través del camino real al Perú.

El virreinato del Río de la Plata, el último creado en 1776, antes de las revoluciones de la independencia americana, tuvo su capital en Buenos Aires, un mal puerto vedado a las naves de gran calado. Por eso la guarnición militar y naval más importante fue ubicada en Montevideo, una población fortificada fundada en tiempos de la guerra entre Portugal y España por la posesión de la Banda Oriental, en 1723. La ventaja de Montevideo estaba dada por su condición de puerto natural de aguas profundas.

Los dos últimos virreyes con capital en Buenos Aires, Santiago de Liniers y Baltazar Hidalgo de Cisneros, eran oficiales navales. Pero el tiempo revolucionario encontró a los patriotas criollos sin marinos profesionales entre sus filas. Así, la creación de una flota de guerra para sostener los ideales de la independencia fue obra de extranjeros, la mayoría de los cuales abrazaron la revolución como propia.

Aparecen así en nuestra historia naval Juan Bautista Azopardo, jefe de la primera flotilla que combate en San Nicolás de los Arroyos contra los barcos imperiales, nacido en Malta; Guillermo Brown, primer jefe naval victorioso en Martín García y Montevideo, nacido en Irlanda; Tomás Nother, combatiente en el Arroyo de la China, británico y muchos más, como Nicolás Jorge (griego), Hipólito Bouchard (francés) y Juan Thorne (de EE.UU.).

Entre los héroes navales de nuestra historia se destacan los dos primeros nacidos en las tierras argentinas: Leonardo Rosales y Tomás Espora, los que junto al almirante Guillermo Brown fueron el tridente de mando de la flota argentina durante la guerra contra el Brasil, entre 1825 y 1827, y que el propio Brown bautizó como “los tres valientes”. Los dos siglos de vida independiente de la Argentina han sido testigos de algunos episodios que siguen despertando admiración.

El viaje de “La Argentina” al mando de Bouchard

Hipólito Bouchard es uno de los personajes más apasionantes de la historia argentina. Marino francés, llega al Plata y su bautismo de fuego al servicio de la independencia americana comienza a las órdenes de Azopardo en San Nicolás en 1811. Se incorpora luego al Regimiento de Granaderos a Caballo, creado por José de San Martín. En el combate de San Lorenzo toma el pabellón enemigo. Vuelve a su vida de marino bajo el mando de Guillermo Brown en la campaña del Pacífico, en 1815 y 16. Su campaña más extraordinaria comienza desde la Ensenada de Barragán, al mando de “La Argentina”, el 9 de julio de 1817, a un año de la declaración de la independencia, para dar la vuelta al mundo por primera vez bajo la bandera argentina. Cruzó el Atlántico, llegó a Madagascar, las Filipinas, Java y Sumatra.

En el archipiélago de Hawai logró el primer reconocimiento de la independencia argentina, de manos del rey Kamehameha I, quien rinde homenaje a la bandera nacional. Luego cruza el Pacífico hasta California, tomando Monterrey durante seis días, en los que ese territorio estuvo bajo el dominio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Asedió a los españoles en Centroamérica y como testimonio de esa campaña, las banderas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras toman la bandera argentina como modelo, incorporando sus respectivos escudos. En el regreso a Chile tiene un fuerte enfrentamiento con el almirante Cochrane, jefe de la flota libertadora al Perú. Vuelve a servir junto a San Martín

El duelo de Espora y Rosales antes de la batalla

Corre 1827. La guerra contra el Brasil estaba llegando a sus batallas decisivas. El almirante Brown, comandante de la flota argentina, planifica las futuras acciones. En el puente de mando advierte que los dos “gemelos de la gloria”, sus oficiales Leonardo Rosales y Tomás Espora se acercan serios a hablar con él. El jefe percibió algo inusual, pero nunca pensó que estos hombres le iban a pedir que sea el árbitro del duelo a que se habían retado. Brown, ocupado en asuntos más graves, les pidió tiempo para resolver el grave tema: “Ante todo hay que postergar el encuentro. El enemigo está cerca y debemos salir en su busca. En cuanto a ustedes, les prometo que se batirán”.

Días después, frente a la flota imperial brasileña, encontró la solución al entuerto. Llamó a Espora y Rosales, y les dijo: “¿Distinguen la insignia de la capitana brasileña? Aquel de ustedes que consiga arriar su pabellón, será el vencedor del duelo”. Comenzó el combate y todos se ofrendaron a la victoria. La batalla fue dura y sangrienta. La rendición de los imperiales coronó la jornada. El viejo lobo de mar, orgulloso del desempeño de sus hombres, vio con alegría que Rosales y Espora portaban la bandera brasileña y se la ofrecían como testimonio. En silencio los miró con sus ojos color de mar, y con satisfacción contempló el abrazo de reconciliación de sus oficiales preferidos. La astucia del primer almirante argentino, nacido en Irlanda, fue a partir de entonces legendaria.

Los hermanos Ávila*: héroes civiles del Crucero General Belgrano

El comandante del crucero ARA “General Belgrano”, capitán de navío Héctor Bonzo, dedicó el resto de su vida luego del hundimiento de su barco, a exaltar el heroísmo y la valentía de sus hombres. Aquel 2 de mayo de 1982, en los inicios de la Guerra de Malvinas, el buque más poderoso de la flota argentina recibió dos torpedos del submarino británico “Conqueror”. Los 1093 tripulantes fueron sorprendidos en navegación hacia el continente y 323 hombres se convirtieron en Héroes de Malvinas, la única guerra que la Argentina peleó desde 1870 hasta hoy. Bonzo destacaba que los argentinos no debíamos convertir en víctimas de un crimen de guerra a los patriotas que eran su tripulación, y estaban en misión de guerra en ese momento. Decía “La orden que yo tenía era atacar cualquier nave enemiga, sabía que me podían hundir”.

Me relató la historia de los hermanos Ávila. Durante 20 años los Ávila, Heriberto y Leopoldo Marcelo, eran los que atendían la cantina del buque, tarea reservada a civiles en tiempos de paz. Cuando estalló el conflicto, y el “Belgrano” entró en operaciones, a los civiles se les ordenó bajar a tierra. Los hermanos se negaron. Partieron rumbo al Sur y luego del ataque, al momento del abandono del buque, en la cubierta, Bonzo se encontró con uno de los Ávila. Le ordenó ir hacia uno de los botes salvavidas. Ávila no le hizo caso y fue a buscar a su hermano en las entrañas del buque. Hoy los hermanos Ávila son dos héroes del Belgrano.

La pérdida del submarino “Santa Fe”

La guerra de Malvinas tuvo a los submarinos argentinos como protagonistas. El ARA “Santa Fe”, que como todos los de su clase, tenía el nombre de una provincia que comenzara con S, de submarino, participó del desembarco en las islas el 2 de abril de 1982 y luego fue destinado a tomar la población de Grytviken, en la isla San Pedro del archipiélago de las Georgias del Sur. Una tempestad lo acompañó el 25 de abril y atracó en la madrugada del 26. Fue atacado por fuerzas británicas, que lo inutilizaron y terminó escorado en uno de los muelles de la vieja factoría ballenera. Ya siendo la tripulación prisionera de guerra, se produce un incidente en el que muere el suboficial Félix Artuso, mientras el submarino era cambiado de posición. Hoy es Artuso el único argentino sepultado en Grytviken. Los británicos deciden, en 1985, trasladar al Santa Fe como trofeo de guerra a Inglaterra. Durante ese derrotero, y como signo de gallardía, el submarino combatiente de Malvinas se hundió e impidió esa postrera humillación.

Historias de mar y de hombres de mar. Héroes y campañas que merecen ser recordadas. Valgan estos renglones como homenaje a los 44 tripulantes del submarino ARA “San Juan”, patriotas en cumplimiento de su deber.

publicado en El Liberal, 27/11/2017

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