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Los peligros de proclamar una doble vara internacional

Nicolás José Isola

SAN PABLO.Parte de la política exterior de un país se juega en el posicionamiento frente a los problemas institucionales de los países vecinos.¿Cuándo es lícito para un presidente electo inmiscuirse en asuntos internos de países vecinos y cuándo no?

El viernes pasado Alberto Fernández tuiteó: «Conmueve la fortaleza de @LulaOficialpara afrontar esta persecución (solo esa definición le cabe al proceso judicial arbitrario al que fue sometido). Su entereza demuestra no solo el compromiso sino la inmensidad de ese hombre. ¡Viva #LulaLivre!».

Llamar al proceso de arbitrario conlleva una jugada fuerte: adjetivarparte del Poder Judicial del vecino. Hay quienes dicen que Lula podría venir a la asunción del presidente electo.Hay que pisar con cuidado: los gestos de Fernández, ahora son los de una Nación.Puede no gustar Bolsonaro, pero los guiños a Lulapueden traerle problemas a la Argentina. En especial por el carácter contestatario de ese presidente. Hay que tener cuidado con hacer política exterior para la tribuna de los propios o atenerse a las consecuencias, que pueden ser económicas y que las pagarán los argentinos, ya diezmados.Brasil es un país con alta incidencia para la Argentina.

Es posible que el simbolismo de la política externagane terreno. La mala gestión económica del macrismo, hará difícil mostrar cambios rápidos en la calidad de vida de los argentinos.Repatriar la estatua de Néstor de la UNASUR es un gesto más en esta línea. Las transformaciones simbólicas buscarán llenar el estómago emocional. No solo de pan vive el hombre, sino del Grupo Patria.

La reacción frente al caso boliviano muestra parte de esta escena. El sábado, Fernández tuiteó:»Mi total respaldo al presidente @evoespueblo ante este intento de interrumpir el orden constitucional en Bolivia. Los países de la región y la comunidad internacional toda debemos seguir de cerca la situación y actuar ante cualquier hecho que implique un quiebre institucional.»

Lo ocurrido en Bolivia es nefastopara la región. Evo Morales debía terminar su mandato constitucionaly ser recordado como un presidente que transformó la vida de millones de bolivianos.

Infelizmente, en Bolivia, como en Brasil con el impeachment, también los órganos públicos manipularon las cosas. El partido de Evorecurrió al Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) diciendo queera inconstitucional imposibilitar una nueva reelección dado que atentaba contra los derechos políticos. En 2017, el TCP falló a favor de un Evo eterno.

En ese entonces, la oposición boliviana denunció a viva voz un Golpe institucional. Pero la izquierda latinoamericana y, especialmente, el kirchnerismono quisieron escuchar. La porción del progresismo que, con motivos elocuentes, decía que el impeachment a Dilmaera un Golpe institucional, optó por callar en el caso boliviano por respeto a las instituciones de un Estado autónomo. Principios maleables.

Los silencios son selectivos: dependen de quiénes son los aliados.La perinola de la doble vara funcionaprudencialmentecon sutilezas institucionales, jurídicas, ideológicas y discursivas.En política exterior, hay que ser astuto con los sesgos discrecionales: uno puede terminar quedando aislado en la cancha de los perdedores.

Como un equilibrista, Fernándezdeberá estar atento al caminar por la cuerda floja en esta Latinoamérica agitada.Repetir hoy lo que hizo Néstor en materia exterior no funcionará por muchos motivos. ¿El principal? Ni la soja argentina y brasilera, ni el petróleo venezolano son los mismos. No hay mejor canciller que commodities altas.

Históricamente, sectores dirigentes argentinos de derecha e izquierda han sido sumisosfrente a la violencia en países afines ideológicamente.Es cierto, no es bueno entrometerse en las afrentas institucionales que se ven en la casa del vecino, pero es una obligación no callar horrores, como violaciones a los derechos humanos.

El chavismo es quizás la idea platónica perfecta de este zigzagdiscursivo. Sin embargo,semanas atrás Fernández dijoque en Venezuela «las instituciones están funcionando, después discutimos cómo funcionan».

Hay un doble estándar: sobre la justicia brasilera,Fernández tiene certezas, persiguen a Lula, pero sobre Venezuela, las instituciones funcionan, despuésdiscutimos cómo.

Fernández puede ver instituciones funcionando normalmente en la misma Venezuela en la que Michelle Bachelet denuncióejecuciones y torturas.

Urge que el próximo presidenterecalculelas coordenadas del GPS de nuestros derechos humanos, para no seguir callando monstruosidades.

publicado en La Nación, 11/11/2019

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