Contribuciones de los socios

Los radicales debaten más que alianzas

Oscar Muiño

Como descubrió Sigmund Freud, lo no dicho suele ser más profundo que lo dicho. Los actores no sólo discuten lo que parecen discutir. Hay, enterrados, motivos de mayor peso.

En la vida civil es fácil advertir que ciertas quejas, reclamos, sarcasmos y alusiones pueden referirse a un hecho, acción o persona pero en realidad evocan viejos agravios, antiguas cercanías, pasando por la indiferencia y la agresividad, el desinterés y la buena o mala voluntad. En la sociedad política ocurre lo mismo.

La Convención radical de hoy discutirá, en apariencia, su marco de alianzas, su evaluación del Gobierno que está terminando, su relación con el llamado peronismo republicano. El tamaño de la coalición y la posibilidad de realizar una compulsa interna.

Cierto. Pero, por detrás de la fachada, fluye un debate ideológico pendiente, que encubre visiones diversas sobre la sociedad deseable.

A grandes rasgos, hay dos tradiciones. Una ensalza las condiciones republicanas, la división de poderes, la arquitectura jurídica de la democracia liberal.

Un segundo sector valora igualmente los valores de la tolerancia y la República pero los considera insuficientes. Exige la democracia social, la defensa de los sectores sociales más vulnerables (los desposeídos, en el lenguaje del fundador Leandro Alem en aquel lejano Siglo XIX).

Este segundo sector (una visión republicana y al mismo tiempo social) fue mayoritario desde la reinstauración democrática. La visión alfonsinista. Fernando De la Rúa tuvo su propio liderazgo, una experiencia más corta y menos duradera.

En la UCR conviven distintas opiniones sobre el justicialismo. Un sector hereda la aversión de aquellos radicales que sufrieron y repudiaron el autoritarismo del primer peronismo. Este sector suele limitar sus alianzas al no peronismo, a veces al antiperonismo.

Estas diferencias se expresan en la agenda que viene. Al grupo más confinado al discurso demoliberal no le molesta hablar de reforma laboral o sistema previsional. El grupo más social desconfía. Ve un intento de avasallar derechos de trabajadores activos y de jubilados.

La globalización

El alfonsinismo actual no está elaborando del mismo modo las nuevas formas de la globalización. En particular el poder creciente de mercados que se mueven a toda hora y que disminuyen las capacidades estatales de gobierno y control. Una parte continúa con las posturas que Alfonsín sostuvo hasta su muerte: alerta sobre el avance de los mercados sobre el Estado de Bienestar y las capacidades estatales para defenderlo.

Otro sector toma las críticas de Felipe González a Alfonsín (no públicas). Igual que los laboristas británicos de Tony Blair, cree que nadar contra la corriente es imposible o indeseable.

Los que mantienen sus reservas hacia la globalización recurren a otro ejemplo. Pedro Sánchez, derrotó precisamente a la Nomenklatura del socialismo español acusándola de claudicación ante las presiones financieras. Sánchez, para muchos radicales combativos, expresa la línea de Alfonsín.

No todos la tienen clara. También abundan los desorientados. Dado que no se sabe hacia dónde va el mundo, vacilan. No entienden bien lo que pasa y por tanto no saben qué banderas empuñar. Y los sectores a representar, tema por demás complejo cuando viejas categorías parecen disolverse y numerosos empleos marchan rumbo a su extinción mientras otras actividades convocan saberes desconocidos o menospreciados hasta el Siglo XXI.

Macri sí, Macri no

En términos políticos, puede decirse que los partidarios (o resignados) a no enfrentar las demasías de la globalización –ya sea porque la ven básicamente positiva, o materialmente imposible de vencer– convergen en la mirada de la Casa Rosada. Tienen contacto fluido con el jefe de gabinete Marcos Peña y aceptan la candidatura de Macri. Esperan convocar a su bando a los sectores más virulentamente antiperonistas de la UCR.

En cambio, quienes ven una cuestión nacional y otra cuestión social que merecen una defensa más enérgica, no se conforman con participar en una lista cuya motivación central sea el noperonismo y la cercanía con una gestión que consideran fracasada y virada a posiciones conservadoras. También están seguros que Macri no podrá ganar la elección, dado los índices de reprobación que advierten en sus distritos.

Como sea, la Convención de hoy está abierta. Lo único definitivo es que nadie espera ni propone ni irá a una alianza con el cristinismo. Gane quien gane, las decisiones centrales serán tomadas en las próximas semanas por una comisión nombrada ad hoc. No quieren repetir Gualeguaychú, cuando horas después de su apoyo a la candidatura de Macri, éste les informó que gobernaría solo, sin coalición.

publicado en El Economista, 27/5/2019

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