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Natacha y las cloacas del Estado

Aleardo Laría

Argentina ha vivido un escándalo mediático desatado por  Natacha Jaitt, un personaje televisivo inclasificable, que acudió a un programa de Mirtha Legrand y lanzó acusaciones de pederastia contra conocidos periodistas y otros personajes públicos. Como es comprensible, una acusación de semejante gravedad, formulada sin pruebas y en un programa televisivo de elevado rating, ha dado lugar a enérgicas y justificadas críticas provenientes de los más variados medios y sectores. Sin embargo este episodio, por  desagradable y sucio que nos parezca, deja al descubierto la doble vara de medir que utilizan unos medios que han perdido parte sustancial de su imparcialidad al dejarse arrastrar por la fuerza atractiva de la grieta que como un agujero negro está todavía instalada en  nuestra sociedad.

En un  editorial, titulado “La televisión no puede ponerse al servicio de las infamias” el diario La Nación lamentó que la tradicional mesa que conduce Mirtha Legrand hubiera servido “para que un personaje del submundo que se presentó como prostituta profesional, como Natacha Jaitt, pronunciara un monólogo atroz dirigido a difamar y amenazar sin limitación alguna a figuras de la política, de la prensa y del espectáculo”. Añade el editorialista que “siempre se entendió, sobre la base de innumerables indicios, que se trata de alguien manipulado desde los sótanos de servicios de inteligencia que se mueven con fines extorsivos. En esta exhibición de indecencia parecen concentrarse varias de las miserias que contaminan la República. Una de ellas es el recurso del escarnio y de la calumnia para intimidar a personajes públicos, sobre todo a periodistas”.

Llama la atención que el editorialista de La Nación haya mencionado sólo al estamento de los periodistas como objeto de escarnios y de calumnia para intimidar a personajes públicos cuando recientemente hemos asistido a una campaña mucho más grave desde el punto de vista institucional. Nos referimos a la desatada contra dos camaristas que dictaron un fallo que desagradó al Gobierno y fueron acusados sin pruebas de haber recibido sobornos del empresario Cristóbal López. A tal punto llegó el desparpajo de las acusaciones calumniosas que un periodista de Clarín se atrevió a calcular el monto que habrían percibido los jueces: dos millones de dólares.

Esta doble  vara de medir para calificar hechos de similar factura, muestra la enorme dificultad que existe en Argentina para analizar la realidad política con cierta ecuanimidad. Muchos de los que temen el regreso del kirchnerismo parecen dispuestos a tragar sapos, una especialidad en la que descollaron en su momento los intelectuales de Carta Abierta. De allí la resistencia a aceptar  opiniones de observadores imparciales que denuncian que en el tenebroso mundo  de las cloacas del Estado  nada ha cambiado. Un espacio que Mauricio Macri dejó al frente de su amigo Gustavo Arribas, un bróker del fútbol que hizo su fortuna exportando jugadores mediante triangulaciones dirigidas a engañar a las autoridades fiscales de los países afectados.

Es lógico pensar, como lo hace el editorial de La Nación, la complicidad de los servicios de inteligencia del Estado en la reciente operación calumniosa en el programa de Mirtha Legrand. La deslenguada Natacha Jaitt acudió al programa televisivo acompañada de una mujer, Ana Polero, de la cual recibía instrucciones. Según La Política Online,  Polero es “una agresiva tuitera ultramacrista que suele atacar a quienes publican informaciones críticas sobre el Gobierno”y que fue contratada en la Agencia Federal de Inteligencia por Silvia Majdalani a instancias de Eduardo Miragaya designado durante el macrismo director de Inteligencia sobre Delincuencia Económica y Financiera de la AFI.  Tanto Miragaya como Polero fueron despedidos como consecuencia de una nota periodística de Carlos Pagni publicada hace un año bajo el significativo título de “El pestilente círculo negro del espionaje”. Dado que los acusados de pederastia por la Jaitt son justamente personas como Carlos Pagni y Gustavo Vera -y este último  ha sido un fiscal implacable de los manejos de otro famoso espía despedido, el temible Jaime Stiuso- es posible inferir que sean estas personas la que están detrás del nuevo montaje calumnioso.

En la referida nota Pagni afirma que “Mauricio Macri suele lamentar la incomprensión de lo que denomina el “círculo rojo”, y los sociólogos llaman elite: políticos, empresarios, sindicalistas o periodistas que evalúan las decisiones oficiales intoxicados por el exceso de información. Pasan los meses y va apareciendo con claridad otro grupo del que tal vez debería cuidarse más. Personas instaladas en las entrañas del poder, que utilizan fondos e instrumentos asignados por el Estado para perseguir o extorsionar, fuera de cualquier marco legal. Es un elenco que existe en todas las administraciones. El célebre Norberto Bobbio lo llamó sottogoverno. El problema de Macri es que ese pestilente “círculo negro”, que se extiende bajo sus pies, ha comenzado a descomponerse y está fuera de control”.

Pagni denuncia en la nota, con nombre y apellido, a distintos personajes públicos –jugadores de fútbol, empresarios y jueces- que han sido sometidos recientemente  a seguimiento por los servicios de espionaje del Estado. Describe el método utilizado por la AFI a cargo de Gustavo Arribas  para encubrir estas maniobras delictivas. Son las “precausas”,  ardides para disfrazar prácticas que violan el artículo 13 de la ley de creación de la AFI. “Elegido un blanco, los agentes solicitan un permiso judicial para intervenir comunicaciones durante 60 días, con opción a otros 60. Si no se encuentra delito, se destruye lo observado. El juez no va a sorteo. Lo elige el espía. El kirchnerismo, que se cebó con esta receta para vigilar opositores, ahora la padece. Oscar Parrilli denunció que le armaron una precausa para escucharlo a él y a la señora de Kirchner. La jueza María Servini de Cubría lo admitió, aclarando que ordenó destruir los registros. Sin embargo, esas conversaciones circulan por los medios sin desatar un escándalo institucional”.

La presencia de personajes siniestros al frente de los servicios de inteligencia del Estado es antigua.  En 2004, el entonces ministro de Justicia, Gustavo Béliz, acusó a Jaime Stiuso de manejar fondos millonarios y ofrecer al presidente Néstor Kirchner  información falsa sobre el atentado de la AMIA. Béliz enseñó por primera vez una imagen del espía en la tele y dijo: “La SIDE  la maneja un señor al que todo el mundo le tiene miedo porque dicen que es peligroso y te puede mandar a matar. Ese hombre participó de todos los Gobiernos y se llama Jaime Stiusso”. Después de ese programa, Néstor Kichner le pidió la renuncia a Béliz y éste declaró: “Es el costo de decir la verdad; me metí con el aparato más oscuro de la Argentina, que es la SIDE”.

Cuando Nisman hizo pública su famosa denuncia contra Cristina Kirchner, el secretario de Presidencia, Aníbal Fernández, la vinculó con una operación de Stiusso, un “manotazo de ahogado”, de quien ya se veía fuera de los Servicios de Inteligencia. En una entrevista concedida al canal Todo Noticias, del grupo Clarín, le preguntaron a Nisman  si era cierto lo que decía Aníbal Fernández y Nisman contestó: “Lo conozco a Stiusso, estuve con Stiusso, es de las personas que más sabía de la causa AMIA. Néstor Kirchner, cuando me pone a cargo de la unidad -yo ya lo conocía a Stiusso-, me dice: ‘La persona que más conoce de la que usted va a trabajar es ésta’. Nisman añadió: “La causa AMIA es un atentado terrorista internacional, tengo que trabajarlo con organismos de inteligencia y Stiusso es un excelente profesional”.

El ex legislador Gustavo Vera ha relacionado estos episodios al señalar que Natacha Jaitt puede ser una nueva víctima de los servicios de inteligencia: “Jaime Stiusso puede descartarla luego de usarla como al fiscal Nisman”, afirmó Vera.  En la hipótesis del “suicidio inducido” de Alberto Nisman que exploró la fiscal Viviana Fein, Stiusso aparecía jugando un rol relevante y fue interrogado por ello. El fiscal Nisman lo había llamado repetidas veces el sábado anterior a su muerte, sin recibir respuesta. Stiusso alegó que tenía el móvil apagado. Se especuló con la posibilidad de que hubiera alentado al fiscal a presentar la denuncia prometiendo pruebas que luego no facilitó, dejándolo luego abandonado a su suerte.

Con independencia de todas las especulaciones que se puedan hacer sobre  casos aún no cerrados, desde la perspectiva institucional hay algo indudable. En su antológica nota, Pagni recuerda que Macri, al presentar su gabinete, el 2 de diciembre de 2015, prometió que “la AFI estará al servicio de la seguridad nacional, y no como en los últimos años, que se usó para hostigar y espiar a los ciudadanos”. Sin embargo, en opinión de Pagni,  el presidente  no cumplió lo prometido y añade: “A pesar de que Jaime Durán Barba, el inventor del “círculo rojo”, aconsejó eliminar el “círculo negro”, Cambiemos sigue expresando una brutal continuidad”.

 

La nota de Carlos Pagni:

https://www.lanacion.com.ar/2003025-el-pestilente-circulo-negro-del-espionaje

publicado en Confluencia Digital, 7/4/2018

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