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Objetivo 2020: terminar con la “estanflación”

Víctor A. Beker

Sin lugar a dudas, la mayor prioridad para el futuro gobierno será sacar a la economía del actual proceso de estanflación. Con una inflación que en los últimos 12 meses se ubica en torno al 55% anual y con una caída del PBI en 2018 del 2,5% y estimada para el corriente año en el 1,5%, la estanflación es, sin lugar a dudas, el principal problema que enfrenta la economía argentina.

No es fácil atacar simultáneamente la inflación y la recesión. Muchas de las recetas para enfrentar la primera agravan la segunda y viceversa.

De lo que se trata es de recorrer el estrecho desfiladero que posibilite terminar con el alza de precios sin caer en el precipicio de un mayor derrumbe en el nivel de actividad. Para complicar más aún el escenario, la decisión de postergar los ajustes tarifarios que habían sido previstos para el corriente año ha implicado transferirlos a la próxima gestión.

Lo que se requiere es implementar un plan integral y coherente que ponga al conjunto de los instrumentos de política económica al servicio de alcanzar la estabilidad de precios y el crecimiento en forma simultánea. Subrayo el carácter integral: cualquier medida parcial no dará resultado.

Como hace ya 4 años ejemplificaba en mi libro ¡Basta de fracasos!, “reducir la emisión monetaria aisladamente sólo producirá recesión ya que el componente inercial hará que los precios sigan aumentando y el ajuste se haga vía caída del nivel de transacciones y de actividad”. Es a lo que estamos asistiendo. Lo mismo vale para cualquier otra medida de carácter parcial tomada aisladamente (ajuste fiscal, acuerdo de precios y salarios, etc.).

Tampoco es posible plantearse hoy un enfoque gradual. El gradualismo para hacer frente al atraso tarifario y cambiario llevó la tasa de inflación del 25% de fines de 2015 al 55% actual.

Lo que se impone es el anuncio de un conjunto de medidas el propio 10 de diciembre que comprenda: un ajuste de precios relativos -incluyendo tarifas y salarios- con un congelamiento de los precios y salarios nominales resultantes por el término de un año.

Déficit financiero -ingresos menos gastos fiscales incluyendo el pago de intereses- del 4% y compromiso de llegar al déficit fiscal cero en dos años.

Crecimiento cero de la base monetaria pero en un marco de precios congelados y no aumentando al 55% anual como en el presente.

Tipo de cambio fijo.

Anular todo mecanismo indexatorio previsto en los contratos para cortar de cuajo la inflación inercial.

Limitaciones al ingreso de capitales de corto plazo, cuya salida abrupta genera fuertes desequilibrios en la balanza de pagos y en el sistema financiero.

El principal efecto de este paquete de medidas será producir un desplome de las tasas de interés que se ubicarán en niveles de un dígito, como las que rigen en la mayoría de los países. Ello estimulará el consumo y la inversión. El tipo de cambio fijado a un nivel competitivo asegurará un saldo positivo de la balanza de cuenta corriente. Todo ello posibilitará tener una tasa positiva de crecimiento del PBI por primera vez luego de dos años sucesivos de caída.

La estabilidad monetaria posibilitará que el ahorro permanezca en el país y sea canalizado para la inversión productiva que podrá competir con la de carácter financiero.

Este paquete de medidas tomadas en conjunto permitirán poner en marcha el círculo virtuoso inversión-crecimiento-empleo que reduzca los actuales niveles de pobreza e indigencia y disminuya el trabajo precario, informal y de baja calidad que hoy afecta a más del 30% de la fuerza laboral.

Obviamente, llevar a cabo un plan de estas características requiere de sustento político. Por eso debe implementarse con el resultado electoral aún fresco y cuando la legitimidad del gobierno se encuentra en su máximo nivel. Por esta misma razón le resultará muy difícil al FMI negar su aval al mismo.

También es necesario desembarazarse de muchas telarañas que enturbian el razonamiento económico. Hay que dejar de ir de un extremo al otro del péndulo económico abrazando proyectos basados más en ideologías que en la ciencia económica mientras otros países –Bolivia, Chile, Uruguay- se adelantan velozmente en la carrera del desarrollo.

En diciembre próximo se presentará una de las últimas oportunidades para emprender un rumbo hacia un desarrollo económico sostenido. Sería necio dejarla pasar. No por nada los romanos representaban a la diosa de la oportunidad como una bella mujer con una larga cabellera por delante pero totalmente calva por detrás.

publicado en Clarín, 2/7/2019

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