Lecturas sugeridas

Para tener en cuenta el día después de la cuarentena total

Víctor A. Beker

La flexibilización gradual de la cuarentena ha de generar una serie de efectos tanto en materia de salud pública como en la economía. Desde la irrupción de la pandemia del coronavirus quedó planteada una disyuntiva entre minimizar el riesgo de contagio, por un lado, y el de paralizar la economía por el otro. Obviamente, la decisión de aminorar la cuarentena implica aumentar el primero en aras de disminuir el segundo.

Ello implica que irán aumentando los casos de coronavirus. Aquí hay que distinguir entre los provenientes casos generados por el 3 de abril y los posteriores al 13 de abril. Los primeros son los generados por la exposición de miles de jubilados y titulares de AUH en ese aciago día y cuyos efectos se reflejan en las estadísticas sólo unos catorce días después. No deberían computarse al efecto de evaluar las consecuencias de la flexibilización de la cuarentena. La evolución del resto de los casos deberá ir evaluándose cuidadosamente para decidir los ajustes que la experiencia vaya indicando.

En tal sentido, parece razonable que se vaya a un sistema donde las medidas no se apliquen genéricamente a todo el país sino que se vayan experimentando en áreas geográficas limitadas, se evalúen los resultados y recién entonces se trasladen al resto del país.

Son los grandes centros urbanos los más afectados en todo el mundo: Milán, Roma, Madrid, Barcelona, Nueva York, Londres, etc. Por tanto, parece razonable aplicar políticas diferenciadas por área geográfica en lugar de normas generales aplicables tanto a la ciudad de Buenos Aires como al municipio de Quemú Quemú.

Hay que tener en cuenta que la pandemia es un fenómeno no lineal. Estamos habituados a razonar en términos lineales: pensamos que si hoy hubo 200 contagiados, mañana habrá otro tanto. Esto no es así con la expansión del virus, que es exponencial. Los 200 de hoy pueden ser 400 mañana y 800 pasado mañana. Por tanto, el control diario de la evolución de la pandemia es vital para evitar que se escape de control.

Es necesario tener en claro que estamos librando una guerra. Una guerra contra un enemigo poderoso e invisible: el coronavirus. Por tanto, deben adoptarse procedimientos propios de tiempos de guerra. Ello también en materia económica.

Así como en época de guerra se reconvirtieron las fábricas de automotores para producir tanques, habrá que ver como se aumenta la capacidad instalada de aquellos productos cuya demanda se incrementa por efecto de la pandemia y sus consecuencias. Por ejemplo, la producción de respiradores, barbijos o alcohol en gel. El mismo criterio debería aplicarse al interior del Estado, trasladando personal hacia las áreas prioritarias en esta emergencia. Vivimos tiempos difíciles. En épocas excepcionales se requieren medidas excepcionales. Todos los esfuerzos deben estar al servicio de ganar esta guerra con la menor cantidad de bajas posible.

publicado en Clarín, 9/4/2020

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