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Pedofilia y farándula

Remo Erdosain

-¡Qué quilombo se armó con el programa de Mirtha Legrand! -exclama José, el último en llegar al bar y el primero en prestar atención a los titulares de la pantalla de televisión.

-No sé de lo que estás hablando -le dice el padre Ramón mientras lee el diario.

-Usted vive en un frasco de gomina padre… -responde José- todo el mundo está comentando las declaraciones que hizo Natacha Jaitt en el programa de Mirtha.

-De ese “todo el mundo” que vos hablás, no formo parte, hace años que he decidido no estar en ese “todo el mundo”.

-Vos te lo perdés, cura -interviene Marcial.

-En esta vida, a veces hay que perderse tonterías para ganar lo importante -responde el cura y sonríe.

-Yo voy a discrepar con lo que están hablando -digo- en primer lugar, porque creo que el curita Ramón tiene algo de zorro y nos dice a nosotros que no ve a Mirtha Legrand, pero no me extrañaría que sea uno de sus de sus seguidores más leales…

El cura vuelve a reír, pero no dice una palabra, lo que permite deducir que lo que digo no está tan equivocado.

-Le guste o no al cura Mirtha Legrand -dice Marcial-, lo cierto es que es uno de los programas con más audiencia en la Argentina y a la mesa de ella se reporta el poder del oficialismo y el poder de la oposición.

-Nosotros los peronistas no somos los preferidos de esta buena mujer -comenta José.

-Cuando aprendan a usar bien los cubiertos, a tomar correctamente la copa y a usar con elegancia la servilleta, a lo mejor los inviten con más frecuencia -dice Marcial y se ríe.

-¿Nunca te vas a cansar de gorilear con las estupideces de siempre? -responde José.

-A mí lo que me importa no es Mirtha Legrand y sus invitados, sino los chicos abusados -digo- y el riesgo que este tema se transforme en una cortina de humo para asegurar la impunidad.

-Lo que yo creo es que las declaraciones de Natacha movieron el avispero y ahora los que están enojados son los periodistas, los mismos que se meten en la cocina, en el comedor, en la biblioteca y en el dormitorio de los ciudadanos, ahora reclaman privacidad… es para reírse -comenta José.

-Yo creo que en el periodismo hay gente buena y gente mala como en cualquier lugar -dice el cura- pero a mí lo que me preocupa no es eso, lo que me preocupa es que cuando el periodismo se confunde con la farándula y el sensacionalismo y desde allí pretende ocupar el lugar de la justicia, lo que produce como resultado es la impunidad… no falla nunca.

-En eso estoy de acuerdo con el cura -dice Marcial- y recuerdo los tiempos de Samanta Farjat, ¿se acuerdan? ¿se acuerdan de cuando en lugar de hablar de la corrupción de Menem en la residencia de Olivos, todos terminamos hablando de los noviecitos de la Samanta?

-Como ahora vamos a terminar hablando de los noviecitos de Natacha -digo.

-De los clientes de Natacha, para hablar con propiedad -corrige Marcial.

-Yo creo -digo- que a Natacha Jaitt no es justo descalificarla por prostituta; su verdad o su mentira no dependen de su oficio.

-Yo no la descalificaría por eso -dice el cura Ramón- como dijera el Maestro, quien esté libre de culpa que tire la primera piedra…

-¿Y entonces por qué la descalifica?

-No la descalifico, pero doy a conocer mis dudas.

-Su maestro a Magdalena la perdonó…

-Hizo algo más que perdonarla, pero además, ella se arrepintió…

-No me la imagino a la Natacha arrepintiéndose -dice José.

-Yo puedo entender -dice el cura Ramón- que una mujer agobiada por la pobreza, las necesidades, incluso la ignorancia caiga en la prostitución para sobrevivir… lo entiendo y hasta lo disculpo… pero la opción (perdón, no es una opción, es otra cosa) por la prostitución de la señora Jaitt, no proviene de la pobreza o el hambre sino de otra cosa…

-¿Del pecado?

-Seguramente, del pecado…

-Cuando hablamos de problemas sociales y políticos no me gusta meter la religión en el medio… no me importa si Jaitt es pecadora o no, me importa si miente… le dejo al cura decidir lo que ocurre en el cielo, acá en la tierra hemos decidido resolver los problemas de los hombres a través de las leyes dictadas por los hombres.

-Estás equivocado, pero ya renuncié a sacarte del error…

-¿No me va a tener presente en sus oraciones?

-Siempre estarás en mis oraciones… pero las oraciones no hacen milagros y a esta altura del partido me temo que para sacarte a vos de la mala senda hace falta un milagro, algo que ocurre con muy poca frecuencia porque a Dios no le gusta andar fanfarroneando con su poder y mucho menos con pecadores compulsivos como vos -el cura me da una palmada en la espalda y le hace señas al mozo para que sirva otra vuelta de café para todos.

-Estábamos hablando de Natacha Jaitt y sobre la veracidad de sus denuncias -dice Marcial.

– La pregunta que yo me hago es la siguiente -dice José- ¿y si esta buena mujer dice la verdad?

-¿Qué verdad?

-Que la pedofilia está extendida en el periodismo, que periodistas famosos abusan de menores…

-Que lo pruebe y que los que tengan que ir en cana, que vayan en cana -contesto.

-La frasecita preferida de los culpables es: “que lo prueben” -dice José.

-Ustedes los peronistas a esa la saben lunga -acusa Marcial.

-No jodamos muchachos -digo- los delitos se deben probar, y no en las páginas de los diarios o en los almuerzos de Mirtha, sino en los tribunales.

-¿En estos tribunales?

-Y sí, en estos, porque como dicen los pibes: es lo que hay… y si no te gusta, cambialo.

-Es tan fácil cambiarlo -digo en tono de queja.

-Yo con todo respeto -dice José- creo que hay una responsabilidad de Mirtha Legrand y su equipo de producción: ellos prepararon este programa y ahora quieren lavarse las manos.

-Mirtha no puede hacerse cargo de los disparates que dice un invitado.

-Sí que puede y debe hacerse cargo; además en otras circunstancias lo hizo y siempre ha demostrado que cuando tenía que pararle el carro al invitado más guapo se lo paraba… en cambio ahora se quedó en el molde.

-Convengamos -digo- que la publicidad del programa anunciaba el escándalo, hablaban de llamar a los bomberos… o sea que la señora Jaitt dijo lo que los organizadores del programa, con la Legrand a la cabeza, esperaban… si después la reacción los asustó, es otro cuento… además… no jodamos… Mirtha Legrand siempre pensó en términos de farándula y tilingueria… no creamos que estamos ante una Oriana Fallaci…

-A mí lo que me preocupa es si detrás de todo esto hay una conspiración u operación política de desprestigio.

-La mugre viene con todo -digo.

-Yo -dice el cura- insisto en lo principal, es decir, en los chicos abusados. Ese es un delito, una falta y también un pecado grave que no puede eludirse con los fuegos de artificio de la farándula… yo no sé si lo que denuncia esta mujer es cierto, lo que sé es que los abusos de menores existen y lo que sé es que cuando la farándula se mete en estos problemas la impunidad está garantizada.

-Yo le quiero hacer una pregunta, cura -dice José- y espero que no se ofenda.

-Yo nunca me ofendo…

-Porque cuando te enojás empezás a las piñas -agrega Marcial.

-El pecado de la justa ira no está entre los pecados capitales; si Jesús echó a patadas a los mercaderes del templo, yo alguna licencia puedo tomarme al respecto -responde el cura y levanta los ojos al cielo.

-Entonces, ¿Puedo preguntarle entonces sin que me confunda con los mercaderes del templo? -insiste José.

-Preguntá sin miedo y sin vergüenza.

-El entusiasmo que pone para condenar a quienes abusan de menores, ¿lo emplea también para condenar a los curas que hacen lo mismo?

-Yo los condeno y la iglesia los condena…

-De usted no tengo dudas, de la institución no estoy tan seguro…

-Te lo digo una vez más: la iglesia no es una institución, por lo menos para mí no lo es… y en esa iglesia no hay lugar para pedófilos.

-Sin embargo, ahí están, y en algunos casos protegidos.

-A veces la prostituta de Babilonia influye más que el Espíritu Santo.

-No comparto -dice José.

publicado en El Litoral, 5/4/2018

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